Hay experiencias que combinan lo simple con lo memorable. El Tour de Bodegones, organizado por la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, fue una de ellas. El pasado jueves 29 de enero, cerca de 48 personas nos subimos al bus de paseos de la Capital con una expectativa clara: comer rico. Lo que no sabíamos era que también íbamos a volver con historias, nuevas amistades y la sensación de haber vivido una noche distinta en la ciudad.
La experiencia comenzó a las 20 horas en la explanada de la Plaza Independencia, punto de encuentro y partida de este recorrido guiado que forma parte de un circuito cultural y turístico por Mendoza. Ni el clima ni la amenaza de mal tiempo lograron desanimar a los participantes: todos estábamos listos para arrancar la aventura gastronómica.

La primera parada fue el bodegón La Casita de Don Aldo, un restaurante familiar que honra la tradición desde el primer gesto. En la vereda, una larga mesa comunitaria nos esperaba para compartir la entrada: empanadas criollas, bruschettas con escabeche, quesos artesanales de la casa y un toque inesperado y delicioso de cerezas al marraschino. Desde ese momento se generó un clima de cercanía y charla espontánea que marcó el tono de toda la noche. Los dueños del lugar nos recibieron personalmente y compartieron la historia del bodegón, sumando valor a cada bocado.
El recorrido continuó hacia Entretiempo, sobre calle Suipacha, detrás del Club Anzorena, en la Sexta Sección. Un bodegón cálido, de espíritu barrial y familiar, donde la mesa volvió a ser protagonista. Allí llegó el plato fuerte: una milanesa napolitana especial de la casa, acompañada de papas fritas y ensalada. Abundante, generosa, casi imposible de terminar. La cena se compartió en una mesa larga que atravesaba todo el salón, ideal para seguir conversando, intercambiar experiencias y confirmar que la gastronomía también es excusa para el encuentro.

El cierre dulce fue en el bodegón Bruttal, ubicado en Paso de los Andes y Roque Sáenz Peña. El postre estuvo a la altura de todo el recorrido: flan casero artesanal, con dulce de leche y crema chantilly, acompañado por una mini pavlova, crocante por fuera y tierna por dentro, rellena con crema, frutas de estación y un delicado coulis de frutos rojos. Como broche final, hubo show musical y entretenimiento, sumando ritmo y celebración a la noche.
El regreso a la Plaza Independencia fue casi festivo: música, aplausos y cantos que recordaban a una salida escolar, pero con la satisfacción de haber comido bien y vivido algo diferente. Todo el recorrido tuvo un costo accesible de 30 mil pesos, más que justificado por la calidad, la abundancia y la organización.
La atención de los guías fue excelente, siempre atentos, cuidando cada detalle y priorizando la seguridad del grupo. El Tour de Bodegones se consolidó así como una gran propuesta para el verano mendocino, una alternativa original para redescubrir locales tradicionales, apoyar a los comercios de la ciudad y disfrutar de Mendoza desde la mesa.
Una experiencia simple, bien pensada y, sobre todo, muy disfrutable. De esas que dan ganas de repetir.
Laura Portillo












